Bajada

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Testimonios verdaderos de una mala vida...

jueves, 10 de marzo de 2011

LORENZO DEJA DE RESPIRAR

Le abofeteó el rostro con el dorso de la mano primero y de revés después.
La cara de Lorenzo era un solo hematoma, lloraba, babeaba y moqueaba mientras suplicaba susurrando.
El Oldori lo tomó de los pelos con la otra mano y lo volvió a abofetear con sus manos grandes y pesadas.
Candela La Satán lo miraba con los ojos fríos y una muesca en la boca.
- A ver puto ahora si me dices por qué le hiciste eso a la Inesita, a ver si me lo dices y termino de respirar tu mismo aire podrido y me puedo ir a dormir lejos de este pantano inmundo.
Tres horas atrás Lorenzo caminaba saliendo de un bar en la zona roja de la ciudad, la música sonaba por todos lados mezclando géneros: reggaetones+rock+cumbia+vallenato= noche de rumba y fiesta.
Lorenzo era un tipo agraciado, alto moreno y delgado. Tenía una sonrisa amplia, ojos vivaces y era un gran bailarín. No le resultaba difícil la conquista ni la seducción, con unos pesos en el bolsillo ganados al póker en el bar, salía a buscar a Sara y un poco de coca con ron, para marchar a su departamento de soltero.
Detrás suyo por la misma vereda se puso a su lado un negro de casi dos metros, ancho y fornido.
Lo miró con los ojos entrecerrados y le susurró:
- ¿Tú eres el Lorenzo?
- Sí.  ¿Qué pasa hermano?
El Oldori lo golpeó con toda su fuerza en el estómago, el Lorenzo se dobló soltando el aire como un bufido largo.
Así doblado en ele, el Oldori se lo cargó en un hombro y caminó hacia el taxi en el que lo esperaba La Satán.
- Al vaciadero vamos. Parece que el amigo se emborrachó- le dijo al taxista- cuidado con las curvas porque capaz que le vomita el carro.
- Vamos despacio, el transporte de borrachos es como el transporte de huevos, hay que hacerlo suavemente- acotó el taxista, subió la música y arrancó.
- Cierto señor: no queremos que se nos dañe el niño lindo. ¿Verdad Oldori?
La Inesita es la mejor amiga de La Satán. Pequeña, flaca, con los dientes salidos y chuecos y las piernas arqueadas por una dolencia reumática que la atacó de joven y la dejó como montando un cerdo invisible de por vida.
La Inesita cuida de La Satán, limpia su casa, le prepara comida, lava su ropa, y cuando vienen los niños ayuda a cuidarlos.
La Inesita sabe todo de Candela La Satán. Pero jamás le preguntó ni cómo ni por qué ni dónde.
Detrás de sus anteojos de marco de carey negro y mucho aumento brillan dos ojitos de ratón, pequeños y movedizos.
Nadie en este mundo podría decir que la Inesita es bella.
Una mañana, tres semanas antes de la noche en que Lorenzo fuera llevado por La Satán y el Oldori al vaciadero municipal en un taxi, había cruzado su vida con la de la Inesita. Fue en una plaza, mientras tomaba resolana del atardecer sentado en un banco junto a dos amigos, que la vio pasar caminando torcido, con la cabeza gacha a la Inesita.
Fue una apuesta de alguno de los que estaban con él:
- Eh,  Lorenzo, a que no te pichas eso que pasó caminando, apuesto diez mil a que no puedes.
- ¿Diez mil? Apueste bien compañero o no muevo una hueva del banco… cincuenta mil cada uno.
El otro miró a la muchacha flaca y se rió:
- Voy con otros cincuenta mil.
- Hecho -dijo Lorenzo y se levantó arreglando su ropa mientras se pasaba la mano por los pelos largos.
Así fue como Lorenzo comenzó a caminar junto a la Inesita y a decirle cosas y a acercársele, hasta sacarle una sonrisa avergonzada y otra y otra más.
El Oldori lo ató a un árbol. Las manos detrás, con alambre de enfardar. Metal fino y cortante, un alambre con el que se ata a quién no se va a desatar con vida.
Lorenzo apenas podía respirar. El golpe lo había dejado sin aliento.
- A ver si el pendejo lindo se despierta y me presta atención. Dígame: le voy a preguntar una sola vez. ¿Por qué le hizo daño a la Inesita?
- ¿Quién es la Inesita, que mierda me hicieron? ¿Quién es usted y su amigo el negro?
- Usted no hace preguntas. Ninguna mierda de pregunta. Le dije que era una sola vez.
Candela se fue detrás de Lorenzo sacó una aguja gruesa y se la incrustó debajo de la uña del pulgar.
El alarido fue el principio de la respuesta.
El Oldori le tapó la boca con una mano y le dijo:
- Le contesta a la Comandante hablando como hombre, no gritando como marrano.
- ¡No sé, noooo seeee quién es la Inesita!
La Satán le clavó otra aguja debajo de la uña del índice.
Lorenzo gritó de nuevo y se orinó.
El Oldori le ató el cuello con una vuelta de alambre al árbol.
Candela La Satán se puso frente a él, y le dijo:
- Esto recién empieza.



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