El Primer trabajo como sicario de Candela La Satán fue para un día de los enamorados.
Sus víctimas, una pareja de jóvenes, noviecitos de diecinueve años.
El chico era hijo de un político, la chica era sólo su novia.
Los días previos al trabajo estudió los movimientos de los jóvenes. Los siguió a pie, los siguió en moto, anotando mentalmente sus entradas y sus salidas, sus horarios.
La pareja se dedicaba, amparados en la impunidad del cargo del padre del muchacho, a la distribución de drogas en los colegios secundarios privados donde las mejores familias enviaban a sus hijos.
El chofer de la moto de la noche de San Valentín, un santo chimbón, según La Satán, sería el Oldori.
Bautismo de fuego como asesina por encargo.
Rito de iniciación del gigantesco y joven Oldori como chofer, respaldo y cobertura de Candela.
Las ocho de la noche, cuando ya la ciudad estaba oscura y se movían todos los jóvenes a los rumbeaderos y fiestas, fue la hora elegida.
El plan era entrar mezclada con la muchedumbre y ejecutarlos dentro de la disco.
Oldori esperaría afuera, con la moto en marcha y la automática a mano por si las cosas se ponían duras.
A dos cuadras del lugar del doble crimen, La Satán ajustaba detalles con el Oldori.
- Es una noche de fiesta, están casi todos borrachos antes de entrar, cuando veamos el auto oficial que los lleva nos acercamos, me deja y me meto con ellos. Fíjese bien Oldori: son dos guardaespaldas.
- Si Comandante, yo la cuido.
- Cuídese usted de estar para salir volando cuando escuche los tiros, la música y el gentío lo pueden distraer.
- No, le prometo que no.
A las veintiuna y veinte del día de San Valentín, el auto negro se detuvo frente al rumbeadero Mi Chic. A las veintiuna y veintiuno el Oldori encendió la motocicleta y arrancó.
La Satán se bajó unos metros antes y los vio salir del coche blindado, rodeados por sus guardaespaldas.
Se calzó su magnum 45 en el pantalón, entre sus nalgas el frío cañón le hizo cosquillas.
Miró el amontonamiento y vio a los guardaespaldas cometer el gran error de sus vidas: miraban hacia adelante y les abrían paso a los chicos en medio de la masa.
La Satán supo que no debería entrar, con los custodios de espaldas se acercó a dos metros de la pareja, sacó su arma y les disparó a la cabeza una bala a cada uno.
Todo fue muy veloz. Los cuerpos cayeron inmediatamente y todo el mundo corrió en estampida tras el estruendo, los guardaespaldas no podían ver porque quedaron en medio de una marea humana.
La Satán guardó su arma y caminó a trancos largos hasta la moto.
Subió de un salto y Oldori salió rugiendo veloz y seguro entre el tránsito.
La Satán dijo:
- Fiesta de mierda la de San Valentín.

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