El arma le pesa.
Nunca disparó.
Nunca se enfrentó a nadie con violencia.
Lo hicieron con ella, pero ella no.
Ahora en esa cálida noche del trópico, con el bochorno de la humedad, está a tres pasos del hombre que más odia en la vida.
Se le adelanta y le apunta con el arma, temblando de furia y de miedo.
El Alacrán Gómez la mira, borracho y pasado de coca.
La Satán le grita:
-Nunca, nunca más vuelvas a acercarte a mí, hijo de puta. Ni ninguno de tus putos hombres. O te mato.
El Alacrán se ríe casi babeando.
Le susurra:
- Tanto te gustó que vienes por más?
La Satán siente que la sangre circula a una velocidad de explosión.
Tres son las explosiones que convierten a su mano en un fogonazo y a la cabeza del Alacrán en un conjunto de pedazos.
Desparramado por el suelo, sobre una cosa informe donde antes estaba su cabeza, Candela lo toca con la punta del pié.
Lo escupe y le dice:
- No, no me gustó aquello de la violación.
Pero esto sí.
¡Sput!"

No hay comentarios:
Publicar un comentario