Bajada

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Testimonios verdaderos de una mala vida...

miércoles, 9 de marzo de 2011

MUERTE EN EL BILLAR Y UN HALLS

- ¡Oldori! Necesito que me preste el 38.  
- ¿Y usted que va a hacer?
- Necesito que me preste su arma.
- ¿Por qué?
- ¿Se  acuerda de Némesis?
- Sí.
- Sé dónde está
-  ¿En serio? Venga, yo voy pa pegarle.
- No, déjelo que ese sí es mío. Me roció bala y no me mató
- Venga que yo se lo limpio.
- No, déjelo que eso lo voy a hacer yo. Bien frío y limpio lo voy a dejar.

Candela la Satán fue hasta su casa, a verlo a Ruperto y a cambiarse la ropa. Lo miró y le dijo:
-          Ruperto, bueno… ¿usted sabe cómo son las cosas cierto?
-          Sí. ¿Qué pasó?
-          Bueno, es que voy a matar a alguien y aquí se va a acabar esto.
-          Ay no Dorys, yo se lo suplico.
-          No Ruperto, no me suplique nada… es decisión de combate.
-          Yo solo quiero saber quién es.
-          Tal  o cual da igual. Una persona que tiene que dejar de respirar.
-          Ay Dorys.
Entonces él corrió y la abrazó y ella le dijo
-          Usted se queda aquí calladito.
Y antes de salir se cambió, se puso una minifalda y una blusita encima una chaqueta.
Así se fue para el Antro de Nica.
Un billar oscuro, donde sabía que estaba Némesis. El hombre que no pudo matarla.

Entró en la penumbra, la atmósfera hedía a nicotina viscosa húmeda chorreando el aire, a vapores de alcohol y algún vómito seco.
El cartel pequeño decía: PROHIBIDO INGRESAR CON ARMAS DE FUEGO. Tenía un revólver dibujado en rojo tachado.
La Satán ni lo miró.
Fue directo al fondo, buceando en las tinieblas, alejándose del sol de la tarde que ya era solo un recuerdo en la puerta del frente.
Los tres hombres jugaban al billar.
Uno de ellos la miró acercarse a Candela La satán, ella se había abierto la chaqueta, se veía su escote, y su minifalda.
-          Mira qué visita más bonita…tómate una con nosotros linda.
-          Gracias. Pero vine de trámite nomás.
Némesis  recién la vio, demoró en reconocerla.
La última vez era un marimacho tirado en el suelo, bañado en plomo, sucio de tierra. Ahora era una mujer guapa.
Los ojos eran los mismos.
Ella le dijo:
-          Hola
-          Usted que está haciendo acá. ¿Es aquella…?
-          Yo VIVO, y sigo VIVIENDO por acá.
Los hombres se tensaron, no tenían armas a la vista.
La Satán sacó el 38 especial del Oldori.
-          Lo que vine a remediar es que usted no VIVA más por acá. Guerrillo de mierda.
Le disparó tres veces en la cabeza.

A la hora volvió a verlo al Oldori.
Le dejó su arma sobre la mesa.
El negro la miró, miró su atuendo de sábado a la noche.
-          ¿Comandante, lo mató o se lo comió?
-          Cállese Oldori, torció una sonrisa - Ta muerto, pero bien muerto.
-          ¿Y cómo está usted?
-          ¿Yo? Sentí como sfff, huuu. Como uno cuando come un Halls y queda ahahah. Un Halls, que le pasa a uno como esa frescura, que hasta le hace hasta en el pelo. Fresco. Rico.


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