Bajada

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Testimonios verdaderos de una mala vida...

jueves, 10 de marzo de 2011

El Cerdo

¿Hacia dónde dirige la mirada la cabeza de cerdo cercenada que le habla a La Satán en sus sueños?
Ella está tirada cuerpo a tierra, su vientre en contacto con el suelo. Afirmada en sus codos, espera la llegada del enemigo.
Candela mira hacia la selva las frondosas y espesas cortinas de verde, desparramadas sobre hojas  putrefactas, capas y más capas en un sendero casi invisible.
Al costado de ese cuasi camino, entre otras matas y arbustos  se aferra a su fusil al ras de la tierra.
Su escuadrón está por allí, pero el cerdo le habla a ella. La mira a ella y con su voz insulsa rasposa le habla sobre un momento que no llegó aún.
Candela repasa visualmente los árboles, fija su vista en los huecos entre los que apenas se filtra un poco de sol y algunas gotas de lluvia aprisionadas  que siguen cayendo. Mira sin ver. En la cúspide de la montaña de basura, el cerdo la envuelve con sus ojos muertos y sus palabras.
Baja la mirada. En el suelo hay vida, una vida que se agita y se mueve debajo y a sus costados. Pequeñas arañas, sabandijas, y algunos escarabajos. Enfoca más la vista y es un mundo de pequeñas personas que se mueven a un ritmo frenético. Ella sabe que están muertos. Sin embargo se mueven, se empujan con desesperación.
El cerdo le dice: “Ellos ya no vuelven, ahora es su tiempo de dejarse ir. Los liberaste. Ahora la presa eres tú”. “Pero quién te libera a ti, es un tema del que no puedo hablarte, no puedes escucharlo. Si lo escuchas no podrás recordarlo”
-Diosss. Murmura La Satán.
Es consciente de que está soñando, busca la  libreta en su mesa de luz, pero hay un pozo. Mete la mano en el pozo que parece un charco. Es una ciénaga, profunda, llena de un material viscoso. Reconoce el hedor de la sangre.
Quiere sacar su mano del foso repleto de sangre porque sabe que se acerca el enemigo, lo escucha quebrar pequeñas ramas, y agitar levemente el aire con el aroma del sudor de cuerpos rancios. Y su mano sigue buceando en el líquido espeso. Busca, se enreda con raíces o tentáculos de invertebrados vegetales.
Necesita escribir y recordar. Y es importante su mano en el arma, apoyar el dedo en el gatillo, fijar la vista en el movimiento que se aproxima.
El foso la absorbe. Ya casi su hombro y su axila están dentro de él. Tira con fuerza y saca un trozo de hoja de su cuaderno. El fragmento de papel está empapado, chorrea sangre.
Vuelve a tomar el fusil, con sus dos manos.
La mano mojada es su forma de conciencia que no está aferrada a un fusil, sino a una serpiente. Una serpiente fría que se retuerce lentamente.
“Sabrás de tu vida a través de la muerte: de tus sueños a través de la vigilia, de los pasos cuando te detengas, y detenerte no depende de ti”.
El cerdo le habla claro, la mayor parte de las palabras no las reconoce, sólo siente ese reptil en sus manos, apoya su cara en el lomo frío y lustroso de la víbora.
“Es el pecado que te guía hacia tu propia redención de ángel caído, es el pecado tu único sendero; aún en lo horrible encuentras placer. O sólo en ello”.
Los pájaros no cantan entre los árboles altos y frondosos.
El silencio es una lápida sobre su espalda, entre sus omóplatos. Una lápida fría.
Intenta quitarse las telarañas de sus retinas,  ríos de sangre que van estallando en las venas pequeñas de los ojos color miel.
El silencio y un olor poderoso a incienso de domingo de Pascuas.
Ve la sombra en el sendero. El cerdo se ríe estrepitosamente.
La sombra se alarga y ella sabe qué viene detrás de la sombra, de esa colosal sombra negra con forma de cruz, que se estira y repta como otra serpiente.
Candela La Satán sabe qué viene detrás de “ésa” sombra.
Dos niños pequeños vestidos de ángeles con trozos de papel de diario y alas de cometas rotos abren el cortejo.
Camina solemne el cura de su pueblo, el cura de los sermones, el de las palabras y los ejemplos.
Sostiene entre sus manos  su pene, que proyecta a contraluz la sombra de una cruz.
El cerdo ríe y le dice algo en un idioma extranjero. Puede ser latín o napolitano, da igual, ella no lo comprende, y no tiene forma de quitarse la imagen de sus ojos, la lápida  de su espalda ni las palabras del cerdo de sus oídos.
Ríe y ruge la cabeza cercenada.


1 comentario:

  1. Cabeza de cerdo, Candela La Satan, Color Miel, Culpa, Fusil, Libertad, Mano mojada, Ojos de cerdo, Redención. Colcar cabezas como trofeos, Risa, Selva Frondosa, Sueños

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