Bajada

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Testimonios verdaderos de una mala vida...

sábado, 12 de marzo de 2011

EL CHUNGO LOVER BOY

“Se trata solamente de ser fiel a la regla del combate. Este pensamiento puede bastar para sostener  a un espíritu: ha sostenido y sostiene civilizaciones enteras. No se niega la guerra. Hay que morir o vivir de ella.” (Camus).
Caminando el poblado reciben saludos de los lugareños.  No son los americanos liberando Paris. Son un puñado de paramilitares haciendo escaramuzas en una selva voraz y caribeña.
El escuadrón había logrado desalojar a un grupo guerrillero de Malicabo, un caserío de agricultores que eran rehenes, servidumbre y proveedores de aquel grupo armado. Los paramilitares ahora patrullan sus callecitas con los fusiles al hombro o algunos expectantes, esperando instrucciones y deseando que dure poco la ocupación para volver a la ciudad, a sus vidas. Aunque sea por un rato. Aunque sus vidas ya están tan sesgadas entre el combate y la ausencia, que no podrían establecer exactamente cuál de las dos es “su” vida.
Candela La Satán y el Oldori entran en un bar con pretensiones de comedero y alojamiento de tres cuartos en el fondo. Se acercan al mostrador donde hay una capa negra verdosa de moscas apoyadas sobre los diferentes pegotes. Una mujer anciana atiende el lugar. Tiene todos sus dientes blancos, y recoge su cabello plateado con una cinta roja en una larga coleta de caballo.
- Pónganos dos limonadas con doña por favor…
- Claro oficiales, a la orden.
- No somos oficiales, somos del escuadrón AUC.
- Para mí son oficiales, generales, capitanes… si sacaron a los guerrillos de acá, son la ley.
- Como quiera doña. Dice el Oldori zanjando la charla.
La mujer les acerca los vasos transpirados y los dos beben con placer.
- Oiga generala… ¿Escuchó hablar en el pueblo del Chungo?
- No - dice Candela.
- Qué es el Chungo - pregunta el Oldori.
- El Chungo es degenerado que se aprovecha de que somos más mujeres que hombres en  Malicabo.  Nuestros compañeros o murieron en manos de la guerrilla o se los llevaron a trabajar las tierras. La cuestión que es un pueblo pura mujer nomás.
- Ajá - dice el Odori - ¿Y todas chicas como usted?
- ¡Ya no sea pendejo negro marica! ¡Déjela terminar de hablar Oldori!

La anciana pasa un trapo más sucio que el mismo mostrador, mientras medita la respuesta a ese insulto, si es que fue un insulto.
- Coronel, yo no sé si serán todas jóvenes y mulatas como le gustan a usted. Pero somos mujeres y este puto se aprovecha de nuestras necesidades.
- ¿Haciendo qué? - pregunta La Satán, mientras le clava una patada de costado al tobillo del Oldori que está por abrir la boca nuevamente.
- Nos da sexo a las que le pagamos. No sólo teníamos que entregarle  a los guerrillos la comida, cosecha y animales, sino a éste el poco dinero que juntábamos pa’ que nos dé un poco de su cuerpo.
- ¿El Chungo les sacudía la tierra, telarañas  y los alacranes a todas? -dice el Oldori seriamente.
- NO negro soldado comandante: solamente a las viudas y mujeres un poquito grandes como yo.
- Menudo jodeputa mamón… encontró la forma de vivir de la miseria en medio de la nada. Entre la desesperación y la tristeza de este lugar olvidado por Dios, el marica se el pasa bien con la necesidad ustedes. - dice La Satán con el ceño fruncido- ¿Dónde lo encuentro al Chungo?
La mujer les indica desde la puerta del bar, tres cuadras de casas de adobe. Les explica que el Chungo tiene la puerta pintada de azul muy fuerte, y que tiene un llamador que nadie necesita porque las puertas están siempre abiertas para refrescar el bochorno de la siesta  y que entre la fresca de la noche. Es innecesario básicamente  porque nadie golpea una puerta con ese coso de bronce.
Caminan los dos por la calle polvorienta, el gigante y la pequeña guerrera viendo sus sombras aplastadas por la canícula.
- Qué piensa comandante?
- Nada.
- ¿Pero qué le vamos a hacer al Chungo? Pa mi está legal el huevón…
- Cállese Oldori, le vamos a pedir trabajo social. Seguro que algo de la lana que le sacaba a las viejas se las daba a los guerrillos.  Le hacemos que devuelva con trabajo social.
El Oldori empuja la puerta de un manotazo, hay un pasillo que desemboca en un patio de adobe, el pasillo tiene dos puertas una a cada lado.

- Chungo! Vocifera La Satán.
Una de las puertas se abre, y aparece un hombre de unos treinta años, rubio ceniza es su pelo, con barba crecida, gordo y muy sucio.
- Quí hay negra…no estoy trabajando…aunque a vos te lo hago de gratis nomás.
La Satán le da un revés con la mano cerrada en la oreja izquierda. Le zumban al Chungo un millar de abejas en el centro del oído.
- Oldori, busque un baño, o un charco, lo tira y hasta que no deje de apestar no me lo trae.
Cuando lo tenga limpio y cambiado, me lo trae. Yo me ocupo de avisar que hoy hay Lover Boy pa todas las chicas del poblado.
Oldori lo agarra de los pelos con una mano, con la otra le atenaza el cuello y se lo lleva hacia afuera.
- Más vale que tengas jabón y te bañes solito marica, porque te arranco los huevos.



1 comentario:

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